“Dibujar se puede aprender. Lo difícil es diferenciarte y crear tu propio estilo”

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Carla Fuentes (Valencia, 1987) lleva toda la vida rodeada de pinceles, acuarelas y colores. Ha conseguido convertir su pasión en un profesión. Le encanta la técnica del retrato, pero a su estilo. Acostumbra a pintar rostros imperfectos, poco realistas. Comenta que que para ello ya existe la fotografía. Le propusimos un reto: pintar con vino el universo de Jean Leon. Mientras lo hacía, hablamos con ella.

¿Cuándo empezaste a pintar?

No lo sé exactamente porqué empecé de muy pequeña. Recuerdo que siempre estaba rodeada de colores y pinturas.

O sea, que ya te viene de familia…

Sí, creo que es muy importante que tus padres potencien tu lado creativo y yo tuve la gran suerte de que lo hicieron. Desde pequeña hasta el día de hoy no he dejado de pintar…

¿Conservas dibujos de cuando eras pequeña?

¡Sí! Mi padre tiene todos mis mejores dibujos clasificados con su fecha escrita.

¿Se parecen con los que haces actualmente?

¡No! Con el tiempo he ido evolucionando el estilo. (Ríe).

¿Dibujar es una técnica que se aprende o es innata a la persona?

Creo que se puede aprender a dibujar pero lo difícil es ser creativo, diferenciarse, tener ideas y crear tu propio estilo.

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¿Qué es lo que más te gusta de pintar?

¡Todo! Lo que más me gusta es que de mi pasión he conseguido hacer mi trabajo.

¿Por qué la mayoría de tus obras son retratos?

Porque me gustan las personas. Un retrato transmite más que un paisaje. Además, los artistas plásticos que me gustan, todos son retratistas.

¿Cuáles son?

Los que más me han influido son Alex Katz, David Hockney y Elisabeth Peyton. Cuando estaba estudiando Bellas Artes, vi que lo que quería hacer era algo similar a lo que hacían ellos.

¿Cómo definirías tu estilo?

Espontáneo e imperfecto.

Imperfecto… te gusta que tus retratos no sean realistas…

Sí, porque para reflejar el realismo ya existe la fotografía. El dibujo, la pintura de retrato, te hace mirar las cosas de otra manera. Deformando el rostro o las caras puedes despertar el interés del espectador.

¿Todos los retratos tienen nombre y apellidos?

¡No! Muchos me los invento y otros sí que existen.

Los que te inventas no recibes críticas por la imperfección… me imagino que los otros sí…

Claro, cuando son anónimos a todo el mundo les gusta. Cuando son conocidos, la gente ya empieza a dar su opinión…

¿Y qué les dices?

Que lo siento, ¡que así es mi estilo! A mi me gusta la fealdad, las miradas tristes. No puedo dibujar a madres y padres guapos y sonriendo.

¿Qué hay de tu personalidad en los retratos que pintas?

Son todo lo contrario a mi. Dicen que mis obras son tristes y en cambio todo el mundo dice que yo soy muy alegre.

¿Qué sueños te quedan por cumplir?

Mi sueño seria morir pintando. Es decir, seguir haciendo lo que más me gusta toda la vida.

De momento, lo estás consiguiendo…

Sí, de momento sí, pero quien sabe…

¿Cuál es tu relación con el mundo del vino? ¿Te gusta?

¡Claro! Comparto al 100% el refrán que dice: “El que a este mundo vino y no bebe vino, ¿a qué vino?” Para mi, el vino significa mucho.

¿Qué te ha parecido la experiencia del Wine Painting?

Es genial. Sales de tu material y te das cuenta que hay muchas cosas que puedes utilizar como pintura o para dar color a los retratos.

¿La seguirás utilizando?

¡Sí! Para hacer el color piel especialmente (ríe).

¿Te ha costado ilustrar el rostro de Jean Leon?

Cuando tienes que hacer un retrato que tiene que ser reconocible es más complejo.

¿Te convence el resultado?

¡Ha quedado demasiado bien! (ríe).

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