“El éxito es relativo. Cambia con las costumbres, la cultura y la educación de un país”

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Entrevistamos a Mª Eugenia Alberti, directora de la Revista JOYCE.

25 años al frente de la revista Joyce. ¿Le ha pasado rápido este cuarto de siglo? ¿Le da un significado especial?

25 años dan para mucho. He vivido épocas vertiginosas y periodos de una lentitud de tortuga. Unos y otros suelen coincidir con los momentos fastos y los tiempos sombríos, momentos difíciles que parecen no acabarse nunca. Pensándolo detenidamente, este trabajo me ha permitido sacar lo mejor de mí misma, es decir, mi capacidad de comunicación, y tener la enorme suerte de encontrar unos buenos lectores para comunicar con ellos.

¿Siempre había querido ser periodista?

Jamás se me había pasado por la cabeza. Mi padre sí lo era, y juez. De hecho, yo no soy periodista. Soy licenciada en Filología Francesa, pero una fantástica casualidad me llevó a entrar en el staff de una revista directamente con el cargo de Redactora Jefe, y con el encargo de relanzarla y de convertirla en algo muy diferente. Esa revista fue Dunia.

¿Cómo se consigue estar 25 años al frente de una revista como Joyce?

Con pasión, con entusiasmo, con buena gente alrededor, con profesionales que se identifican con las intenciones y el contenido de la revista y que saben capear los tantos momentos amargos que la prensa escrita está viviendo.

¿Qué es Joyce para usted?

Una obsesión sublime y una intoxicación, una droga muy dura.

¿Qué es lo que más le gusta de su profesión? ¿y lo que menos?

De mi profesión me gusta todo. Hacer una revista es algo mágico. Un privilegio. No hay nada que no pueda gustar a quien ama escribir y comunicar. Sólo hay un pero, en mi caso particular: tengo que alternar mi trabajo creativo con un trabajo comercial, para el que realmente no estaba preparada.

En estos 25 años ha vivido situaciones políticas, sociales, culturales muy diferentes. ¿Cuál ha sido el momento más complicado que le ha tocado vivir como directora de la revista?

Ninguno. Una revista como JOYCE tiene por cometido contemplar el mundo en todas sus facetas, en todos sus cambios, pero precisamente no en los políticos, para eso ya están otras publicaciones. En cualquier caso los momentos más difíciles -ha habido pocos- son los inevitables ataques a la libertad de prensa.

Cómo se adapta Joyce a la nueva era digital?

Como puede. Estamos -y no pensamos abandonarlo- en un proyecto para mejorar nuestra presencia en la red, que en la actualidad, deja muchísimo que desear. No nos satisface a ninguno del equipo. Pero después de varios intentos, en esta ocasión queremos pensar muy bien este proyecto para que sea tan radicalmente diferente y original como es su versión de papel.

¿Cuál es el futuro de las revistas de papel de toda la vida?

Yo no soy adivina. Los augurios son demoledores pero pasan los años y aquí seguimos las revistas de papel. Hay estudios para todos los gustos y yo me remito a las últimas declaraciones de un peso pesado en la prensa, además en la televisión: Tommy Evans, Director de la CNN Internacional: “se decía que la televisión terminaría por la radio, y la ha fortalecido. Lo mismo pasará con lo digital. No podrá con la prensa escrita”. Y ha esto yo personalmente añado, muy especialmente, en revistas de opinión y estilo de vida, como es la nuestra, que se conocen ya como revistas ‘nicho’.

En Joyce podemos encontrar artículos de opinión, de moda, viajes y hasta gastronomía. ¿Cómo definiría usted su publicación?

Muy ‘touche à tout’. Es una revista de opinión que contempla todos los campos que interesan a un determinado grupo de gente hoy, que son muchos y eclécticos. Por eso, para que la revista sea completa tiene que acercarse a todos esos aspectos de la vida. Por desgracia nos dejamos alguno fuera.

¿Qué perfil de público lee Joyce?

Me gusta mucho que me hagan la pregunta en perfecto castellano y no llamen target al público que se interesa por nuestra revista. Nuestros lectores y lectoras son mayores de 30 años, con un alto porcentaje de licenciados universitarios, de sensibilidad muy contemporánea y por supuesto interesados por encontrar en una publicación algo diferente a la oferta del kiosco. Y en este caso Joyce cumple sus expectativas, pero yo le diría que lo más importante de nuestros lectores es su calidad humana, intelectual y sobre todo una lealtad inquebrantable.

¿Cómo ve el periodismo que se hace hoy en día?

Depende de qué periodismo, de qué periódico o de qué revista. Exceptuando el grupo conocido como prensa rosa, que no es lo mío, el resto deberían de tener su personalidad, sus criterios y su forma de entender lo contemporáneo. No hay un periodismo global, mediocre o brillante…

¿Cree que revistas femeninas como Joyce ayudan a la mujer a conseguir la igualdad respecto a los hombres?

Me gustaría aclararles un punto. Joyce no es exactamente una revista femenina. Empezando por sus portadas, que en contadas ocasiones llevan la figura de una mujer. Su contenido intenta repartir equitativamente los temas entre hombres y mujeres. Nuestras columnas de opinión, algo de lo más leído en Joyce, no tienen género, no van dirigidas a la mujer, como no lo van nuestros temas de arte, cultura, arquitectura, diseño, gastronomía… Todos esos campos no tienen sexo. En moda e imagen, prácticamente todos los números intentan por igual satisfacer la curiosidad por la innovación de ellos y ellas. Y en cuanto a conseguir la igualdad, en Joyce creemos totalmente en la igualdad equilibrada entre los sexos y nuestros lectores no están en absoluto inmersos en este tema. Pero si usted me pregunta si somos feministas, todo el equipo lo es. Y si en ocasiones hay que dejarlo patente, lo hacemos.

¿Cuáles son para usted las claves para conseguir el éxito?

No tengo la menor idea. Ojalá lo supiera, pero el éxito es para mí y mi equipo algo muy relativo que cambia con las costumbres, la cultura y la educación de un país. Si el éxito es estar expuesto todo el día al photocall, ser invitado a las mejores fiestas y vender cientos de miles de ejemplares a base de mensajes en principio superficiales cuando no peligrosos, preferimos no tener éxito.

¿Tiene algún proyecto a corto plazo?

En Joyce vivimos siempre a corto y medio plazo, lo que hace la revista más fresca y dinámica. Nos enfrentamos a cada número como si fuese el primero, y pasando al terreno de lo práctico, nuestro proyecto es encontrar nuestro sitio ideal en la red y mejorar día a día la revista en papel.


Pequeñas degustaciones


¿Le gusta el vino?

Esto le puede parecer a usted un vil peloteo pero a mí me gusta mucho el vino pero sólo uno, y es suyo. Ya lo he dicho en público y en privado, desde mi revista y en todas las entrevistas que me han hecho: me gusta mucho el vino blanco, frío, con una piedra de hielo, única y exclusivamente Viña Esmeralda. Es algo consustancial en mi vida.

¿Cuál es el mejor momento para tomar una copa de vino?

Para ser sincera el vino es un buen compañero para los buenos momentos pero es también un cómplice perfecto de los malos.

Una canción para degustar un buen vino.

También depende de la hora, la compañía, el paisaje, el ambiente… De Mozart a Leonard Cohen hay cientos de miles de músicas de fondo propicias e inolvidables.

Un rincón en el que se perdería.

Mi casa de vez en cuando, y más lejos cualquier sitio del mapa de Francia que no sea París, donde he vivido muchísimos años, Portugal, Italia y Grecia.

En quien se reencarnaría.

¡Dios me libre! ¡Reencarnarme! Y hacer pasar a otro karma las vicisitudes, locuras, errores, riesgos, que yo he pasado en esta vida… No le deseo este panorama a otro ser vertebrado a invertebrado.

Un defecto y una virtud.

A veces los defectos y las virtudes están separados por un sutilísimo hilo pero puestos a tener que elegir sólo uno, el egoísmo y la generosidad.

¿Qué hace en su tiempo libre?

No tengo tiempo libre. Como ya he dicho estoy perfectamente intoxicada con mi quehacer y en cuanto lo dejo un poquito me entra un mono horroroso. Sin lo que tampoco puedo vivir es sin leer y cocinar.

¿Qué quería ser de pequeña?

De pequeña y de mayor: bailarina. Y según mis parientes y amigos no se me daba ni se me da nada mal. Soy una persona en constante movimiento.

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