“Jean Leon era un visionario. Era capaz de imaginarse algo y hacerlo realidad”

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Moncho Neira llegó a Barcelona con la mayoría de edad recién cumplida. Venía de Galicia con una maleta ‘vacía’, pero llena de sueños por cumplir. Poco a poco, con el tiempo, con esfuerzo, dedicación y perseverancia se hizo un nombre dentro del panorama gastronómico de la ciudad condal. Un historia de superación, de liderazgo y determinación muy similar a la de Jean Leon. Se conocían. Eran amigos y tenían muchas cosas en común.


¿Qué relación tenía con Jean Leon?

Con Jean Leon nos unía un gran amistad desde hace muchos años.

¿Recuerda cómo se conocieron?

La verdad, intento hacer memoria y no consigo recordarlo. Ahora mismo no te lo sabría decir. Son esas relaciones de tanto tiempo que pasan a ser amistades de toda la vida y en las que no recuerdas el primer momento que nos unió.

¿Qué pensó el primer día que lo conoció?

Lo primero que me vino a la cabeza era que se trataba de una persona muy amigable y cercana. Pero lo que más me impresionó fue que estaba muy americanizado.

¿Sería capaz de identificarlo con una sola palabra?

Sí, Jean Leon era muy valiente.

¿Qué relación personal tenía con él?

Era mi amigo. Fue una persona que me influenció y apoyó cuando abrí mi primer restaurante Moncho’s Barcelona en EEUU. Siempre me empujó para que saliera de mi zona de confort, que era el Botafumeiro, para explorar nuevos horizontes. Jean Leon ha sido una persona muy importante en mi vida.

¿Le explicaba sus planes de futuro?

Compartimos grandes momentos, A los dos nos podía la vena emprendedora y no parábamos de compartir ideas o descubrimientos de nuestros viajes.

¿Hicisteis negocios juntos?

Estuvimos a punto de abrir un restaurante juntos en Tailandia, pero los problemas de salud que afectaron en ese momento a Jean Leon nos lo impidieron. Siempre nos hemos apoyado mutuamente. En las cartas de mis restaurantes siempre se verá Jean León. Es una manera de tenerle siempre presente y honrarle.

¿Qué opina del legado que ha dejado?

Era un visionario, tenía un olfato especial para los negocios y era muy espléndido con sus consejos. Me asombra el empeño que puso en hacer realidad su sueño, lo claro que lo tenía. Ha dejado su nombre para la eternidad.

¿Cómo definiría el su estilo de vida?

Era un hombre que sabía disfrutar de la vida.

¿Era sibarita?

¡Muy sibarita! Por eso me gustaba tenerlo en mi mesa, entre otras cosas, porque era un gran gastrónomo.

¿Le contó algún secreto inconfesable?

Sí, muchos. Pero como buen amigo conmigo se quedan.

¿Le visitaba a menudo en su restaurante?

Sí, cuando estaba por Barcelona comíamos juntos a diario en algún restaurante. Es más, conservo el recuerdo de haber inaugurado uno de mis restaurantes “El Tinglado” para él solo, un 23 de junio (verbena de San Juan) y al día siguiente abrimos las puertas al público.

¿Qué es lo que más le gustaba del Botafumeiro?

El ambiente y que se sentía siempre como en casa.

¿Por qué cree que consiguió todo lo que se propuso?

Porque era un visionario. De esas personas capaces de imaginarse algo y no parar hasta convertirlo en realidad.

¿Era igual de perfeccionista que usted?

Sí, supongo que era una de las cosas que teníamos en común que hicieron que tuviéramos esa gran amistad.

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