La importancia de las copas en la cata de vinos

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Mucho más que un mero contenedor, las copas constituyen un elemento diferencial en una cata. Su grosor, tamaño, transparencia y forma inciden en cómo percibimos los aromas y sabores del vino, actuando como una suerte de guía para nuestros sentidos.

El primero que habló sobre la importancia de la elección de una copa en la degustación de un vino fue Claus. J. Riedel a finales de los años 50. El fue el encargado de modificar la cristalería tradicional e introducir copas específicas para beber cada vino. Demostró que las formas de cada copa determinan la percepción de la bebida. Desde entonces, la marca Riedel se ha consolidado como referentes de copas de alta calidad.

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Según Robert Parker, uno de los gurús mundiales del vino en la actualidad: “The finest glasses for both technical and hedonistic purposes are thes made by Riedel. The effect of these glasses on fine wine is profound. I cannot emphasize enough what a difference they make:”

Y es que existen tantos tipos de copas como tipos de elaboraciones de vino (tintos, blancos, generosos, espumosos…) lo que convierte en indispensable el acierto en la elección de la copa adecuada para profundizar en las características que nos ofrece un vino.

Radiografía de una copa

El conocimiento de las partes de una copa y sus funciones nos ayudará a comprender mejor la importancia de la elección:

  • En la parte superior se encuentra la boca. Su mayor o menor grado de abertura provocará una concentración de aromas más o menos intensa y guiará el paso del vino en boca. Su diámetro determinará el potencial de nuestras sensaciones. A modo de ejemplo, las diferencias entre catar en una copa estrecha y una más ancha serán significativas ya que la posición de la cabeza durante la entrada en boca es muy diferente.
  • El tallo de la copa es el elemento de sujeción, por donde la sostenemos. Debe ser lo suficientemente largo para nuestra comodidad. El pie es la base, el punto de apoyo de la copa.
  • La forma de la copa va íntimamente ligada a las características varietales, aromas, alcohol y acidez. Una forma abombada (copa tipo balón) acentuará el potencial aromático del vino.
  • El tamaño de la copa (su capacidad) incide sobre la intensidad y calidad de los aromas del vino.

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La copa adecuada

En general, los tintos prefieren copas algo más anchas para favorecer la oxigenación y la eliminación de posibles aromas de reducción surgidos durante la crianza en botella. Los blancos buscan bocas de diámetro más estrecho para conservar los aromas varietales y la acidez, mientras que los espumosos se sirven en la llamada copa “flauta”, más estrecha, con un poco de panza o “tulipa” en su forma para mantener el carbónico.

Ante tanta diversidad, no conviene agobiarse en adquirir todas y cada una de las copas que ofrece el mercado.

La copa adecuada necesita de un cristal fino, translúcido, con una altura de entre 20 y 25cm y con la capacidad suficiente para que el vino pueda desarrollar su potencial aromático más delicado.

Recordad que en una degustación conviene desterrar las copas teñidas de colores, talladas o de cristal grueso que no permiten una buena observación de los matices de color del vino.

Las básicas, más versátiles y muy extendidas Burdeos y Borgoña, sumadas a un tipo de copa genérica con los estándares descritos anteriormente, nos bastará para disfrutar de cualquier vino tranquilo en nuestro hogar.

Copa Burdeos

Los tintos de carácter y férrea estructura, tánicos y concentrados las prefirieren Burdeos. Se trata de copas altas, con un diámetro de boca medio, lo suficientemente estrecho para no absorber los aromas del alcohol pero con la abertura adecuada para impregnarnos de fruta.

En este tipo de copas conseguimos equilibrar los taninos gracias a la entrada del vino dirigida al centro de la lengua, evitando los laterales donde percibimos la acidez.

Copa Borgoña

Resulta ideal para los tintos aromáticos, complejos y elegantes. Se trata de copas de un mayor diámetro de boca y forma. Ofrece una mayor superficie de contacto donde los aromas más sutiles pueden florar.

Este tipo de copas suele dirigir la entrada del vino en boca hacia la punta de la lengua, hecho que resalta la fruta y disminuye la sensación de acidez.

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Los “must” de la limpieza de copas

Un correcto mantenimiento de las copas nos evitará muchos problemas. El objetivo es conseguir limpieza con la máxima neutralidad, sin contaminar nuestro sentido del olfato. De modo que huyamos de detergentes potentes y prestemos atención a la higiene de los trapos, paños, bayetas y demás utensilios de secado:

  • Conviene lavar las copas con agua caliente. Sin embargo, si queremos añadir detergente es más que recomendable elegir los más neutros, los menos perfumados.
  • El aclarado y secado es fundamental para evitar que las copas no alberguen olores indeseados. Debemos aclarar en abundancia y repetir, para después secar con un paño seco y limpio que no deje restos de tejidos ni olores.
  • Para finalizar, guardaremos las copas de pie para evitar la aparición de olores extraños en su interior.

 

Rafa Moreno

 

 

 

 

 

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