“El primer día que conocí a Jean Leon me dejó 5.000 pesetas de propina”

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El primer día que Santi Amigó, propietario del restaurante Cal Xim en Sant Pau d’Ordal, conoció a Jean Leon se dio cuenta que tenía delante a una persona especial. Encajaron. Les apasionaba el mundo de la restauración y el vino. Hablaban el mismo idioma. Actualmente conserva una botella de Vinya La Scala Cabernet Sauvignon Gran Reserva de 1977 firmada por Jean Leon. Le hizo una promesa que al final no se cumplió…

¿Cuándo conociste a Jean Leon?

El año exacto no lo recuerdo. Debería ser sobre finales de los setenta. Hacía poco que habíamos abierto el restaurante. Lo que sí recuerdo perfectamente es el primer día que lo vi. Llevaba un pañuelo de seda blanco y unos zapatos muy brillantes.

No pasaba desapercibido…

¡Para nada! Aquél día había mucha gente en el restaurante. Vino con su sobrino y desde el primer momento que lo vi ya me llamó la atención. Los atendí personalmente. ¡Recuerdo que me dejó 5 mil pesetas de propina!

¿5 mil? ¿Pero qué le costó la comida?

¡Menos de la mitad! Pensaba que se equivocaba. Yo no lo acepté pero insistió tanto que al final me puso el billete en el bolsillo.

Una buena tarjeta de presentación…

Sí, a parte de esta anécdota, enseguida nos entendimos. Era una persona que si veía que la seguías (intelectualmente hablando), te hablaba.

¿Le serviste Jean Leon el primer día?

Sí. Me pidió si tenía algún vino blanco y le serví una botella de Vinya Gigi Chardonnay.

Igual aquí te ganaste la propina…

Puede ser (sonríe). Yo no sabía que él era el propietario de la bodega pero lo tenía visto de la zona.

¿Os visitaba con frecuencia?

Siempre que estaba por el Penedès venia a comer a Cal Xim. En Barcelona iba al Via Veneto y al Botafumeiro. Tenía muy claro dónde ir a comer.

¿Cómo era el trato con él?

Era seco e inteligente. Un trato muy profesional. La relación con él siempre era muy agradable.

¿Una relación de amistad?

No, de cliente y jefe de sala del restaurante. Hablábamos el mismo idioma. Nos parecíamos, especialmente porque a los dos nos encantaba el mundo de la restauración. En aquella época ya tenía abierto el restaurante “La Scala” en Los Ángeles y siempre me decía que me ficharía. Éramos bastante iguales. Nos gustaban las mismas cosas: comer, beber, las mujeres…

¿Qué era lo que más les gustaba de Cal Xim?

Le encantaba el conejo y siempre quería que le trajéramos todos los platos a la vez. Quería ver la mesa llena.

¿Y vino, el suyo?

Sí, habitualmente sí. En aquella época no había muchas alternativas.

Y un día te firmó una de sus botellas de Vinya La Scala Cabernet Sauvignon Gran Reserva… Explícanos la historia…

Sí, era la botella de la añada de 1977. Me la firmó en 1996. Jean Leon ya estaba enfermo. Yo no lo sabía pero lo notaba. Me dijo que si dentro de un año volvía, y nos la podíamos beber a medias, me pagaría 150 mil pesetas.

Al final no volvió…

No. Ya sabía que le quedaba muy poco tiempo de vida. La conservo junto a otras añadas de Jean Leon. Las guardo con mucho cariño y jamás las abriré.

¿Cómo le definirías con una palabra?

Un tipo muy pícaro. Hay gente que cuando entra en el restaurante ya le ves una aura que hace que los mires, que les prestes atención. Personas que llenan el comedor.

¿Qué piensas del legado que ha dejado?

Ha dejado unos grandes vinos. Especialmente el cabernet y el chardonnay. Además, la familia Torres lo ha sabido conservar muy bien.

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