“Todo el mundo puede conseguir aquello que quiere”

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Asha Miró (Nasik, 1967) fue una de las primeras niñas adoptadas que llegó a Catalunya en los años 70. Un ejemplo de superación, esfuerzo y sacrificio que poco a poco ha ido consiguiendo todo aquello que se ha planteado. Además de maestra (su sueño desde pequeña) es escritora, ilustradora y presentadora de televisión. Una vida ligada a la cultura, el arte y la cooperación. Principalmente para devolver todo aquello que ha recibido. Nos recibió en el patio interior del Hotel Alma de Barcelona. Un pequeño pulmón verde en el medio de la ciudad.

La hija del Ganges, tu primer libro, te sirvió para darte a conocer. ¿Qué recuerdas de aquella etapa y cómo ha cambiado tu vida desde entonces?

Fue una etapa muy bonita. Por una parte, cuando escribes un libro y explicas tu vida lo evocas todo. Intentas ser lo más sincero posible. Y por otro lado, ver la repercusión que tuvo fue como un regalo para mi.

Me imagino que no parabas…

Sí, fueron unos años de mucho trabajo. Y lo más bonito que me llevo de esa etapa es que ahora hablar de adopción ya no es un tabú como lo era entonces.

¿Qué recuerdas de tus primeros días en Cataluña y qué recuerdos tienes de tu pasado en la India?

Fueron un poco duros. Venía de un país con mucha luz y mucho color y Barcelona en el 74 era una ciudad muy gris y fría. Nunca había llevado abrigo ni zapatos. Además, las calles estaban vacías y yo estaba acostumbrada a ver riadas de gente arriba y abajo.

Te decepcionó…

Pensé que era un país al que le faltaba vida pero con el tiempo te das cuenta que es un país maravilloso.

Tenías 6 años cuando llegaste… ¿Qué recuerdas de los años en la India?

Los recuerdo con bastante tristeza porque estaba en un orfanato con muchas niñas. Era un lugar donde te tenías que espabilar y buscarte la vida para conseguir todo aquello que querías. Con 5 años descubrí que existían unos personajes que se llamaban padres y vi que era una cosa absolutamente maravillosa. Aquel día pensé que yo quería tener unos y no paré hasta conseguirlos.

¿O sea, que hiciste todo lo posible para pedir unos padres?

Exacto, hice el proceso a la inversa. Yo quería unos padres y después de un año y medio los conseguí.

Y además, querías que fueran de Barcelona…

Sí, les iba acotando la búsqueda. Hacía poco a una hermana mía del orfanato la había adoptado una familia de Barcelona y yo quería que me pasara el mismo.

El año que llegaste a Cataluña, la adopción no estaba normalizada como lo está ahora. ¿Crees que ahora es más sencillo ser un niño/a adoptado?

Ahora está más normalizado el hecho de ser un niño adoptado pero hay otros factores que son más preocupantes y que antes no existían, como por ejemplo el racismo o el acoso escolar. En gran parte provocados por las nuevas tecnologías.

Así pues, ¿tú lo tuviste más fácil?

Creo que sí. Ahora los niños tienen muchos más retos y no es sencillo.

¿Qué te viene a la cabeza cuando escuchas el apellido Miró?

Un cuadro de Miró con mucha luz y colores. Yo no puedo vivir sin los colores. Los Miró todos son un poco artistas y muy creativos.

Ahora entiendo de donde te ha salido tu vena de escritora, ilustradora…

Sí, todo se engancha. Además, a mi familia los ha gustado mucho la música y poco a poco te das cuenta que no puedes vivir sin ella. Yo la necesito para poder salir adelante cada día.

¿Tus primeros seis años en la India han marcado tu personalidad?

Sí. Siempre digo que tú naces en un lugar y tu país de origen se te queda siempre dentro. Los genes funcionan. Yo me di cuenta cuando hice el viaje de vuelta al cabo de 20 años. Vi que necesito ver colores, poner incienso en casa o tener momentos de paz. Forma parte de mi ADN.

Supongo que también te han ayudado en tu manera de entender la vida.

Absolutamente. Cuando no tienes nada y de golpe lo tienes todo te das cuenta que no puedes quedarte con las manos en el bolsillo. Tienes la necesidad de devolverlo todo. Igual que yo he tenido la fortuna de tener la vida que tengo, creo que mucha gente tendría que tener la misma oportunidad. Por eso lucho.

Has tenido la fortuna de tener la vida que tienes, pero también te lo has trabajado…

Bien es verdad que sí, pero el hecho de tener acceso a educación ya es un gran paso. Si muchos niños tuvieran esta oportunidad su vida cambiaría totalmente.

Tardaste 20 años en volver a India. ¿Fue un periodo meditado?

Fue pura casualidad. Volví cuando tenía 27 años a través de un campo de trabajo. Quería volver pero para aportar algo de lo que había aprendido durante aquellos 20 años.

¿En qué momento de tu vida te comprometiste con la cooperación y los derechos de los niños?

Desde muy pequeña. Nadie nace solidario, pero te educan. En mi casa siempre hemos querido ayudar a los otros. El hecho de ir creciendo con esta visión del mundo hace que cada vez te comprometas más. Dar sin esperar nada a cambio, es maravilloso.

Cada vez hay más familias que adoptan niños. ¿Cuál es el mejor momento para explicarles de donde vienen. ¿Crees que es necesario hacerlo?

Es natural. Los niños lo preguntan desde pequeños. Necesitan saber el porqué de su vida. Es más bonito y más lógico explicarlo desde pequeños. Como un cuento o una historia y despacio vas añadiendo cosas. Se tiene que hablar sin miedo y con la verdad por delante. Además, se les ha de ayudar a querer a su país de origen.

En tu caso, India. ¿Qué significa para ti este país?

Es mi segundo país y necesito volver. Al principio cuando iba me costaba mucho, pero ahora me encanta.

¿Vas a menudo?

Sí, tengo familia y necesito estar en contacto con ellos.

Hablamos de tu faceta de escritora. ¿Qué te trajo a escribir libros? En alguna ocasión habías dicho que nunca serías escritora…

Mi madre, desde muy pequeña, me explicó que cada día tenía que escribir. Me obligaba. Cuando volví de India a los 27 años, me pidieron si podía hacer un artículo para el periódico. Lo hice y les gustó. En aquel momento me plantearon la opción de escribir un libro. Era un reto y lo acepté.

Un reto en mayúsculas…

Totalmente. Tardé 2 años en escribirlo. Fue un vaciado de sentimientos, de sensaciones. Cada día lloraba. Fue una especie de catarsis. A medida que escribía, iba curando todas las heridas.

Desde entonces, no has parado…

Es que me encanta escribir y lo necesito. Explicas lo que sientes, lo que piensas. Das vida a personajes. Te conviertes en un pequeño Dios de sus historias y de sus vidas. Es maravilloso. La escritura, para mí es hacer de conciencia de las personas. Siempre mis libros tienen un porqué. Un mensaje final. Sin esto no tendrían sentido.

“Rastros de Sándalo”, una de tus novelas, se convirtió en una película. ¿Qué significó para ti ver una historia creada por ti en la grande pantalla?

Fue un regalo. Ver que aquello que tú has escrito, no sólo se quedará en el papel sino que la gente podrá poner imagen y deleitar-se a través del cine. Esta película ha ayudado a que la gente entienda qué es vivir en occidente y en oriente. Son dos países que tienen muchas cosas en común, aunque no lo parezca.

¿Hay algún capítulo de tu vida que preferirías no haber escrito?

No. La vida es a base de aprender de los errores. Los errores son muy importantes para crecer como persona.

¿Qué te queda para escribir?

¡Muchas cosas! Siempre hay historias para explicar, pero tienen que ser historias que emocionen.

La tuya seguro que ha sido muy inspiradora…

Cómo la mía ha habido más, incluso más emocionantes, pero lo más importante es saber que todo el mundo puede conseguir aquello que quiere. Aquello que deseas siempre se puede hacer realidad.

 

Pequeñas degustaciones

¿Te gusta el vino?

Sí, me encanta.

¿Cuál es el mejor momento para tomar una copa de vino?

Todos los momentos. Pero destacaría antes de cenar.

Una canción con la cual degustar un buen vino.

Cualquiera de Van Morrisson.

Un rincón (ciudad, pueblo) donde te perderías.

La Plaza de San Felipe Neri, en la terraza del Hotel Neri.

En quién te reencarnarías.

En una persona mejor. Por ejemplo, Nelson Mandela.

¿Qué haces en tu tiempo libre?

Tengo un jardín. Me encanta mimar las plantas. También me gusta leer y dibujar.

Un defecto.

Soy muy impaciente.

Una virtud.

Que sé perdonar y que intento querer a la gente tal y como es.

¿Qué querías ser de pequeña?

Maestra.

¿Y de mayor?

Dedicarme a los demás. Hacer cosas que me llenen el alma.

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