Vino, paisaje y territorio: En busca de una economía humanista

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El contexto socio económico actual supone una oportunidad para replantearnos los actuales paradigmas de crecimiento económico. Centrados en la industria del vino, la incidencia de los efectos del cambio climático y un sistema económico y de valores globalizado nos obligan hacer un ejercicio de introspección y nos sitúan en un punto de inflexión, condición cíclica inherente a todas las crisis.

La recuperación económica actual nos proporciona una magnífica oportunidad para crecer de manera sostenible mediante la inclusión del hecho vinícola y rural como cimientos de un nuevo modelo de desarrollo económico, cohesionador del territorio y con un trasfondo “humanista” que nos reconcilie con nuestro entorno, para desde el arraigo local, proyectarse al mundo en vertical y sin complejos.

Las tendencias de consumo actuales parecen indicar que el momento es ahora o nunca. La creciente (y nunca suficiente) preocupación por el medio ambiente; una mayor consciencia social y una suerte de arqueología de lo artesanal vinculada a lo emocional, buscan aferrarse en la nobleza de un pasado desnudo, desprovisto de artificio y superficialidad.

 La importancia del vino y el entorno rural

El sector vinícola se antoja fundamental para dinamizar los entornos rurales, despoblados y abandonados. Una “re-habitación” que trae consigo la recuperación de antiguas prácticas respetuosas con su entorno natural.

Las consecuencias del abandono de los medios rurales a largo plazo se acaban pagando. Los recientes incendios de magnitudes nunca vistas en Portugal refrendan esta afirmación tan severa. Sin la acción del ser humano, la vegetación crece salvaje; una vegetación con marcado carácter pirótico que al carecer de cortafuegos, márgenes y caminos; un paisaje “humano”; avanza sin control.

Por ello debemos recuperar en la medida de lo posible todo el patrimonio de la viña, un patrimonio arquitectónico en forma de cabañas de piedra seca, pozos, zanjas y minas; abrevaderos, balsas y senderos, escalas y terrazas de viñedos imposibles; la delimitación de parcelas, la observación de las pendientes de los cerros para ganar terreno cultivable… todos ellos ejemplos de una ingeniaría del sentido común, heroica y sabia, testigo bello y perdurable de un pasado que parece marcarnos el camino. El ayer era hoy y no hay lugar para el mañana.

La conservación del hecho rural revaloriza y refuerza a su vez la identidad de todo su devenir, una valor añadido intangible en cada uno de los vinos que elaboramos. El paisaje en una copa. El terroir, de nuevo como factor identitario.

La inactividad económica derivada de la crisis ha beneficiado al paisaje, que ha ha respirado tras el boom expansivo de polígonos e industrias varias. Como decía anteriormente, debemos aprovechar esta coyuntura para repensar nuestro modelo de crecimiento. ¿Pero cómo hacerlo?

El enoturismo como altavoz

El desarrollo del enoturismo juega un papel fundamental en la sostenibilidad y cohesión del territorio y resulta un perfecto altavoz para pregonar este nuevo paradigma de dinamismo económico y social basado en la protección y adaptación al medio ambiente y las nuevas reglas del juego climáticas y económicas.

La periodista y sommelier Ruth Troyano, especialista en paisaje y territorio, lo resume a la perfección:

“El paisaje reúne valores naturales y ecológicos, estéticos, históricos, de uso social, simbólicos y espirituales. Nos conmueve que haya enólogos que vinifican a más de 1.000 metros de altura en lagares de piedra construidos por monjes del siglo XII, nos cautiva como por los viñedos del bajo Penedès se cruza la antigua Vía Avgvsta romana; y que una antigua construcción de piedra en seco sea el cobijo natural de un vinagre que envejece en barricas de roble con soleras de más de 20 años.”

Hoy, el sector del vino se ha conjurado para defender su herencia cultural y paisajística, y lo hace tendiendo la mano a los diferentes agentes sociales que defienden el territorio. Así, diferentes iniciativas a nivel estatal, como el VI Congrés d’Art, Paisatge Vinícola i Enoturisme, celebrado el pasado mes de junio en el Penedès, buscan los apoyos institucionales y el compromiso de los que hoy tenemos la fortuna de formar parte del hecho vinícola para defender y pregonar un futuro mejor.

De entre las principales conclusiones del congreso destacan:

  • El enoturismo como desarrollo integral, humano, económico y territorial. Un altavoz para potenciar proyectos culturales que muestran y enriquecen nuestro paisaje vinícola.
  • Gestionar y regular el territorio atendiendo a la diversidad de perfiles profesionales y humanos que contiene, involucrando a las administraciones locales y autonómicas.
  • Considerar que un vino o un cava de excelencia sólo puede provenir de un paisaje de excelencia.

Quizás no podamos salvar el mundo, pero sí devolverle parte de la dignidad robada. La tierra, nuestra tierra, nos ofrece la oportunidad. Siempre lo hizo. En nuestra mano está no abusar de su confianza y equilibrar las fuerzas. Seamos humildes, seamos respetuosos, miremos y loemos a un pasado que nos marca el camino, que siempre estuvo ahí, paciente y aguardando. Bebamos y vivamos bien.

 

Rafa Moreno

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