¿Qué vinos para una barbacoa?

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Supongamos que la vida te trata bien (y no dudamos que te lo merezcas). Te has agenciado un ático la mar de apañado con su jardincito y unas vistas a la ciudad de las que dejan la boca abierta y la vista clavada en el horizonte.

 

La ocasión y el buen tiempo merecen una comilona con los tuyos. Te vienes arriba y te comprometes a encargarte de los vinos.

 

¿Arrepentido/a? ‘Don’t panic’, aquí van unos consejitos para poner la guinda vinícola a tu barbacoa:

 

Abre tu velada y recibe a tus invitados con una copa de espumoso. Además de un símbolo de querencia y elegancia, las burbujas limpiarán el paladar y tu gente estará lista para el festín.

 

Por lo general, uno asocia el concepto barbacoa con una orgía de ensaladas (de pasta, de arroz); carnes rojas (ternera, cordero) y carnes blancas (cerdo), todo ello aderezado con multitud de salsas que, en su mayoría, y en su versión más norteamericana, contienen mucho azúcar. Ketchup y mostazas dulces para las hamburguesas, salsas rosas para ensaladas, etc… y sí, todo ello complica dar con el vino adecuado.

 

Bien, para las ensaladas y entrantes, una buena elección es un rosado con cuerpo, de buena concentración e intensidad frutal. Admitirá el siempre complicado tomate y las salsas rosas en todas sus variaciones y os acompañará, gracias a su versatilidad, hasta primeros platos a base de pescados, carnes blancas o carnes rojas. Y no nos engañemos, ¡lo bien que viste una mesa una botella de rosado en Instagram!

 

La versión más texturizada de la barbacoa demanda vinos más tánicos que sostengan a carnes rojas fibrosas. Aquí cabernets sauvignons y syrahs con crianza entran en juego, aunque también monastrells y cabernets francs con un buen paso por madera funcionarán la mar de bien. Ese toque tostado casa a las mil maravillas con el sabor de la parrilla.

 

Sin embargo, a nivel estatal, lo anterior se suele servir acompañado de tubérculos como la patata, normalmente a la brasa, así como con legumbres del tipo judía blanca, sustituyendo las salsas dulces por nuestro sempiterno all i oli, y/o la intensidad del chimichurri argentino y sabores umamis equivalentes que se quedan con todo el protagonismo organoléptico.

 

De modo que aquí buscamos evitar a los taninos, de lo contrario los sabores amargos y astringentes nos llenarían el paladar. Garnachas tintas, tempranillos y merlots de poca crianza son una buena opción.

 

Como vemos, de todo hay y hay de todo. Y para gustos, colores. Pero si sigues estas breves recomendaciones te garantizamos el éxito como anfitrión/a.

 

¡Ponte a prueba y nos lo cuentas!

 

Artículo original publicado en VinoVidaVici.

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